Cada escritor, incluso los que son tan innovadores como Dahl, son el resultado de la época en la que viven y escriben. Aplicar la tendencia actual de simplificar los personajes y el lenguaje para no “fomentar los estereotipos negativos” o “incentivar la discriminación” a una obra escrita hace cincuenta años carece totalmente de sentido. La editorial Puffin intenta con esto adecuarse a las exigencias del mercado, y de algunos docentes y padres, de brindar a los niños todo más digerido, convenientemente anodino y sin matices. De cierta forma, apunta a minimizar la capacidad de los niños de asimilar lo que leen, reducir la capacidad de imaginar y de elegir. Y también la comodidad de no tener que darles elementos de juicio para que ellos decidan y aprendan por sí mismos. Lo deseable sería educar con amplitud, lo que sin duda exige tiempo, trabajo y dedicación.
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