Una semana después de los resultados electorales del 25 de junio, ni el Pacto de Corruptos, la alianza informal de políticos, élites burocráticas y empresarios, que se protegen entre sí para mantener el poder, ni quienes integran el rancio statu quo de Guatemala han superado el shock. Esta crisis poselectoral provocada por el miedo a un escenario que se creía inviable después de las exclusiones de tres populares candidatos antisistema, y que, sin embargo, obstinadamente se ha materializado con Arévalo y el «Movimiento Semilla».
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