Con este y otros temas, el exceso de información -o su ausencia- no significa transparencia. Todo depende de la fuente, del interés del emisor, del grado de cultura o atención del receptor y de la repercusión en su vida de tal o cual tema. Sin duda son los grandes medios audiovisuales y electrónicos, sumados a las redes, los que fogonean la infoxicación que vivimos. Más que eso, imponen el relato de la época y este obedece a intereses que nunca quedan explícitos.
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